22 de agosto de 2014

Israel. Día 5: Cisjordania - Dic.2012

Esa mañana, tras comprar los billetes a Eilat para cruzar la frontera a Jordania al día siguiente, cogimos el tranvía en dirección a la Puerta de Damasco. El tranvía cuesta 1,30€ por persona, con varias paradas, y os aconsejamos validar vuestros billetes al subiros ya que hay bastantes revisores.

Cerca de la Puerta de Damasco hay una estación de buses palestinos. Nosotros cogimos el 21 para ir a Belén (el billete se compra en la parte de arriba de la estación). Este autobús sale cuando se llena y su precio es fijo. Da bastantes vueltas, a lo que hay que añadir el tráfico de salida de Jerusalén y el de entrada a Belén. Nosotros tardamos unos 40'.
El bus nos dejó a unos 15' andando de la iglesia.
La verdad que Belén tiene poco que ver; el Zoco, la Plaza y la Iglesia en la que hay que hacer bastante cola para bajar a ver el lugar donde supuestamente nació Jesus. 

Lo que sí hay son menos turistas y la mayoría van en grupos.

Ya que en la misma estación de Belén hay taxi service a otros lugares de Cisjordania, nosotros, tras darle algunas vueltas, nos decidimos a visitar Hebrón y acabar con las imágenes que teníamos de los medios de comunicación. Este taxi service costó, precio fijo, 1,80€ y también sale cuando se llena. 
El trayecto duró 45' y pasa por muchos asentamientos y zonas militares.

Al bajarnos en Hebrón enseguida nos dimos cuenta que allí los turistas no van... Sólo nos cruzamos con tres.
Nos recorrimos su calle principal, donde está el zoco, de arriba a abajo un par de veces, y con nosotros las miradas extrañadas de toda la gente que nos cruzábamos, muchísimos hay que decir.
La gente no es insistente sino muy agradable, a pesar de sus caras de sorpresa al vernos por allí.
Viven rodeados de un asentamiento judío en plena calle que separa sus casas y obliga a cerrar sus tiendas. Los militares israelíes están también por todos lados.
Probamos el mejor falafel de nuestro viaje por céntimos, y a juzgar por la foto, no sabemos a quién de todos le hizo más ilusión el encuentro.

Un señor por la calle nos paró para contarnos la historia de la ciudad y de su familia. Cómo se iniciaron los asentamientos, las consecuencias y cómo viven. También nos llevó a su casa a conocer a sus hijos y segunda mujer. La primera había muerto por una mordedura de serpiente que, según nos contó, los judíos habían lanzado a su habitación.
Este hombre no tenía nada en contra de los israelíes pero estaba indignado con los colonos y los asentamientos. Las imágenes, que sí concuerdan con lo que habréis visto en la TV, hablan por sí solas.
Las verjas para que las cosas que tiran los colonos no caigan encima de ellos (hay piedras, basura, restos de comida...), y que obligan a cortar calles principales, banderas israelíes y casas fortificadas... 

No somos nadie para juzgar nada, en absoluto, pero impresiona verlo, oírlo y sentirlo...

Tras esto volvemos a casa. Desde allí no hay nada directo a Jerusalén así que cogemos un taxi service a Belén y, mientras esperamos otro bus, un taxista nos propone llevarnos hasta el puesto de control para pasar a Israel viendo el muro.
Conseguimos por 4€ que nos lleve a ver las famosas pinturas de Bansky, el Muro y finalmente el punto de control.
Esto último, de película; un conjunto de pasillos largos poco iluminados, similares a una cárcel, que te permiten pasar de Cisjordania a Israel. Está repleto de cámaras y prohibidísimo sacar fotos. 

Al llegar al final nos piden pasaporte y pasamos sin problema. Justo al salir cogemos un taxi service hacia la Puerta de Damasco por 1€, que tarda unos 30'.

Recuerdo volver andando desde la Puerta de Damasco al hotel, sentarnos en la habitación al  llegar, contentos de haber cruzado los controles y visitado un lugar diferente, donde su gente nos trató como a unos más y nos sonrieron sin pedir nada.
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